Elena I

Iniciamos una nueva sección en nuestro blog compartiendo contigo la experiencia de diferentes mujeres con las que nos encontramos en nuestro camino y que sentimos que su vivencia, sentir y andar puede ser de inspiración, luz y consciencia para todas nosotras.

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En esta entrevista compartimos contigo un extracto del camino de Elena, a quien conocí hace algunos años, cuando ambas comenzábamos a andar un camino profundo de sanación.  Como yo, Elena comenzaba a transitar el camino de regreso hacia si misma, hacia el poder de su cuerpo y hacia el poder de la profunda conexión con el universo de su útero. Como nos cuenta en esta entrevista, Elena había padecido dolor menstrual “desde siempre, no recuerdo no haber tenido dolores durante mi menstruación”. En el años 2012 se le diagnosticó endometriosis siendo intervenida quirúrgicamente en noviembre de ese año. Un año después nos re-encontraríamos en aquél maravilloso taller donde no sólo comenzaríamos un intenso y transformador viaje sino que volveríamos a estrechar los lazos de un vínculo que viene desde todos los tiempos.

Importante:

Aunque habíamos hablado con Elena muchísimas veces sobre lo que vas a leer en esta entrevista, quisimos darle forma y vida para que pueda llegar a muchas mujeres que buscan respuesta a sus preguntas sobre sus dolores menstruales. Sin embargo, la entrevista no pretende ofrecer ni un tratamiento ni una solución única para todas las mujeres. Nuestra intención es ofrecerte una historia que pueda ser de inspiración para ti, para que vuelvas a habitar el cuerpo que te ha sido prestado y darte cuenta que el dolor que te abraza cada mes es un llamado hacia la escucha y la observación interior, un llamado hacia un camino de sanación para ti y por todas tus relaciones.

Mujer Creciente: Elena, cuéntanos cómo comenzó todo este andar, ¿cuáles eran tus síntomas?

Elena:  No recuerdo cuándo no tenía dolores, siempre tenía algo, siempre tenía alguna molestia durante la menstruación, dolor, bajadas de tensión, temblor de piernas…

MC: ¿A qué edad tuviste tu primer menstruación?

E: A los 11 años

MC: ¿Y desde entonces recuerdas haber tenido molestias?

E: No, al principio no, cuando estaba en el colegio no había molestias. Todo comenzó en el instituto; comencé a tener dolores, muchas veces tenía que llamar a mi padre para que me viniera a buscar y empecé a automedicarme.

MC: ¿Qué tomabas?

E: Tomaba Nolotil e Ibuprofeno pero sobre todo Nolotil que era lo más fuerte; no sólo me quitaba el dolor sino que me dejaba muerta, anulada, postrada en un sillón o en la cama sin poder hacer absolutamente nada. Todo eso siguió, más tarde comencé a tomarme la píldora anticonceptiva que era lo que me recomendaban las ginecólogas que visitaba como método para calmar el dolor y para quitar esos “quistes de chocolate” como le decían ellas.

MC: Entonces ya desde la adolescencia algo veían cuando te hacían revisiones…

E: Sí, me veían esos “quistes de chocolate”, que eran como coágulos de sangre que se concentraba alrededor de los ovarios; me decían que tomando la píldora todo eso se quitaba, que también ayudaría a calmar el dolor de la menstruación. Así que a los 20 años comencé a tomar la píldora por períodos de un año o año y medio, luego la dejaba un tiempo y volvía a tomarla. La verdad es que yo la tomaba como método anticonceptivo y no realmente como método para calmar el dolor. No había consciencia de mi parte de que eso que me sucedía me estaba afectando y de que pudiera influir tanto en mi vida; me preocupaban los quistes sí, pero como supuestamente la píldora ayudaba a quitarlos yo iba haciendo, sin consciencia real de todo ello. También para mi los dolores eran algo normal, yo veía que la mayoría de mis amigas los padecía, yo veía que era más las mujeres que los tenían que las que no los tenían…

MC: ¿Cómo sigue todo ésto? ¿Cómo llegas al diagnóstico de endometriosis?

E: A los 25 años fui a consultar una nueva ginecóloga y ella fue la que me dijo que podría ser que tuviera endometriosis. Me sugirió volver a tomar la píldora y la estuve tomando durante unos 6 meses hasta que el tejido desapareció así que no se volvió a hablar más de la supuesta endometriosis. Una vez  que dejé de tomar la píldora los dolores volvieron, esta vez más fuertes así que cambié de ginecóloga y me encontré con una más que me decía que tomara la píldora para controlar los dolores, que no me preocupara que los dolores eran algo normal. Luego me coloqué el Nuvaring y cuando lo dejé volví a tomar la píldora pero ya comenzaba a tener temor de que si dejaba de tomarla esos dolores iban a volver. Junto con con ésto comencé a darme cuenta que mi periodo estaba alterado, manchaba entre reglas o estaba durante un mes manchando y eso era lo más incómodo para mi.

MC: ¿Qué píldora tomabas en ese momento?

E: Tomaba Loette y Yasmine con periodos de descanso. Me dijeron que probablemente presentaba  déficit de progesterona y que entonces tenía que tomar ese tipo de pastillas que nivelaban el nivel de esta hormona para evitar los dolores, quistes y manchados entre periodos. Pero las pastillas no quitan nada, lo ocultan. ¿Y a cambio de qué? De no poder tener tu menstruación, de no sentir tus ciclos; me sentía además muy inestable emocionalmente. Más tarde, a los 30 años estaba en pareja y con muchos deseos de quedarme embarazada así que la ginecóloga me recetó Progestil que, según decía ayudaría a mantenerme libre del sangrado permanente, aliviaría los dolores y facilitaría la concepción. Pero no lo tomé. Había algo dentro de mi que me hacía sentir que algo no iba bien. En una revisión me detecta dos quistes: uno de 4 cm y otro pequeñito, de 8 mm. Así que otra vez vuelvo a retomar la toma de la píldora y me manda a realizar un examen que se llama marcadores  tumorales para ver cómo tengo el sistema hormonal y me comenta que esa prueba determinará si tengo endometriosis o algún tumor cancerígeno. La prueba determinó que tenía endometriosis entonces la ginecóloga me derivó para intervención quirúrigica preferente para limpiar los focos de endometriosis aunque desconocían el grado de afectación que podía tener y me tranquilizaba diciéndome que el procedimiento era sencillo y se realizaba a través de laparoscopia. La verdad es que tenía muchas ganas de operarme, un deseo enorme de que los dolores desaparecieran y pudiera llevar una vida normal, muy esperanzada deseando que todo terminara.

MC: ¿Cuándo te operan?

E: En noviembre de 2012, cuando yo tenía 31 años. Me operaron y me desperté como de un sueño…Abrí los ojos para mirar mi cuerpo y vi lo que había del ombligo hacia abajo, estaba llena grapas y cables por todos lados y me sorprendí, no entendía lo que había pasado. En ese momento comienzan a entrar en la habitación mi pareja y mis padres con cara de haber pasado algo y comienzan a explicarme que la operación se había complicado un poco, que había estado cuatro horas en el quirófano y que me quedara tranquila que ya le doctora me explicaría todo. Ella llegó por la tarde y me explicó que no había sido posible entrar por laparoscopia y tuvieron que hacerme laparotomia porque estaba totalmente invadida por la endometriosis, según sus palabras. Vieron que uno de mis ovarios estaba muy tomado y decidieron quitáremelo. La frase de la ginecóloga que nunca olvidaré fue: “cuando te miré y vi que eras joven pensé -voy a dejarla con el resto-, pero si hubieras sido mayor te hubiera quitado todo” Esas palabras fueron muy duras para mi, aún estaba con el efecto de la anestesia, la escuchaba y sólo lloraba, era incapaz de hacerle preguntas, sentía que lo que decía no iba hacia mi, no creía que me estuviera pasando aquello. Días más tarde volví a verla para que me explicara todo nuevamente. Yo estaba preocupada por la posibilidad de no poder quedarme embarazada. Sus palabras no fueron muy alentadoras…

MC: ¿Seguiste visitando a esta ginecóloga?

E: No, a la Dra Prieto Martínez  no volví a verla más; tras el relevo del médico de guardia me visitó a la habitación otra doctora que ante mi preocupación por las cicatrices me contestó que no me preocupara, “que muchas mujeres se hacen un tatuaje sobre la cicatriz”…Recuerdo claramente el aspecto de las mujeres con las que compartía aquella planta del hospital. Éramos todas mujeres con patologías varias y caras de haber sido mutiladas, éramos un montón de mujeres con expresión de desconocimiento, de ignorancia, de no entender lo que te han hecho pero con la certeza de que te han tocado algo sumamente importante de tu ser. Mi recuperación fue muy buena, intenté no pensar más, tan sólo intentar recuperarme.

MC: Imagino que estuviste un tiempo de baja…

E: Sí, estuve de baja un mes y medio, en ese tiempo tenía una enorme depresión. Iba pasando el tiempo y empezaba a estar un poco desesperada por volver a trabajar y la ginecóloga no me daba el alta y yo me sentía en ese punto que a veces tenemos las mujeres que si no estamos activas parece que no somos productivas, no somos buenas, no estamos en el mundo. Un gran error. Pero era lo que me tocaba vivir. Sentía una enorme tristeza, una tristeza profunda, como de alma. Sentía que me habían tocado algo importante y sentí una especie de rechazo hacia mi madre, sentía un gran enfado hacia ella, tan fuerte era el enfado que durante mis días en el hospital no permití que se quedara conmigo y no soportaba verla allí…de alguna manera la culpaba por lo que me había pasado y sentía que ella, en su ignorancia, entendía que lo que me había pasado era porque yo no había cuidado mi cuerpo….Sentía que de alguna forma estaba todo relacionado con lo mismo: mi relación con ella, con mi linaje femenino, como que estaba todo dentro de mi y había estado creando ese sentimiento que ahora, desde la perspectiva del trabajo realizado ya puedo comprender. Luego fui aprendiendo a vivir con mi cicatriz, la vivía como algo que estaba fuera de mi cuerpo pero la fui cuidando con aloe vera, rosa moqueta y mientras sentía que mi cicatriz se cerraba sentía que había otra cicatriz que estaba abierta, muy abierta.

Aunque Elena y yo hemos conversado muchas veces sobre todo ésto, esta entrevista fue realizada en dos días consecutivos, por teléfono y Skype. Finalizamos nuestra llamada por cuestiones de agenda y combinamos continuar al día siguiente. Elena me da las gracias por la oportunidad de hacer visible su historia y me dice que nadie más que yo podría haberlo hecho. Mi historia te la contaré algún día. Cuando sienta que dispongo de la luz suficiente, esa luz que ya comienzo a vislumbrar al final del túnel.  Estamos unidas por plumas, amora, con plumas construimos nuestras alas.

Sigue este enlace para leer la continuación de la entrevista.

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