Gabriela-Angueira-La-Yurta-Roja-1El Yoga estuvo presente en mi vida desde mi infancia y fue años más tarde que, a raíz de una lesión vertebral, comencé a profundizar en su estudio; si bien en un principio no era mi intención enseñar, un buen día me vi deseando compartir los enormes beneficios que iba incorporando a mi vida. La práctica del Yoga me ha permitido, a lo largo de los años, amplificar mi capacidad de escucha y volverme una observadora mucho más atenta, sobre todo de mis procesos internos. Esta observación y esta escucha me permitieron comenzar a abrazar la cualidad de cada momento presente y así la naturaleza cíclica de mi cuerpo comenzó a marcarme la necesidad de adecuar mi práctica a cada momentos de mi luna.

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Como profesora de Yoga he tenido y sigo teniendo la dicha enorme de presenciar el enorme potencial que se manifiesta cuando las mujeres compartimos un mismo espacio sagrado, cuando nos dejamos arropar por el círculo y abrimos en este abrazo nuestro corazón. Hay en ese simple acto algo tan mágico y maravilloso que no deja de asombrarme y es la posibilidad de sanarnos a través del reflejo que cada mujer nos da de nosotras mismas. Algunos sucesos de mi vida personal y de la vida de los grupos que he ido acompañando, así como el encuentro con almas sabias y amorosas me han demostrado el poder inmenso del ritual y el acto simbólico para integrar y sanar experiencias, crisis y traumas.

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Acercarme al trabajo con embarazadas me ha permitido conectar con la inmensa fuente de poder que reside en nuestro cuerpo de mujer y darme cuenta a la vez de la enorme necesidad y urgencia que existe de que cada mujer en el mundo recupere su poder personal, lo reconozca y se reconozca como poseedora de la fuerza divina creadora.

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Buscando respuestas y sanación para el dolor que, durante varios años, me ha acompañado durante mi fase menstrual, he emprendido un viaje que comenzó en el año 2008 con el libro de Miranda Grey “Luna Roja” y que desde entonces me ha conducido por un sinfín de caminos de los cuales me he nutrido y sanado, llevándome el uno hacia el otro, en un periplo incansable que aún sigo navegando. He despertado un día honrando esta posibilidad de buscarme a mi misma y encontrarme a través del dolor, buscando sanación no sólo para mi cuerpo y existencia sino también para el cuerpo y la existencia de todo mi linaje femenino. Han sido clave en esta búsqueda los encuentros que la vida me regaló y aún me regala con mujeres cuya propia búsqueda les permite hoy acompañar a otras mujeres y allanarnos los caminos hacia nuestro propio destino.

Mujer Creciente es la materialización de un sueño largamente gestado. Es la confirmación de que cuando te comprometes con tu crecimiento interno todo es posible. Es la materialización del poder del ritual, la intención y la visualización. Es la certeza de que cuando las mujeres nos unimos potenciamos nuestras cualidades y somos capaces de crear un mundo nuevo lleno de posibilidades.

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